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jueves, 6 de diciembre de 2007

¿Sabías que...? El primer bombero romano

Marco Licinio Craso

Nacionalidad: Roma
114 a.C. - 53 a.C.
Triunviro 60 a.C. - 53 a.C.

Marco Licinio Craso, un prestamista y senador de la época del dictador Sila puede considerarse como el precursor de los bomberos, aunque eso sí, de una manera bastante interesada. Cuando un edificio romano empezaba a arder Marco Licinio se presentaba en el lugar y ,tras comprar al propietario del inmueble, ponía en marcha las bombas de agua y apagaba el incendio. Si el propietario no accedía al pago dejaba que el edificio ardiera en llamas.

La participación de Craso en política se remonta a la primera guerra civil entre Mario y Sila, momento en el que Craso se refugió en Hispania. Antes de finalizar la contienda regresó a Roma para contribuir a la victoria definitiva de Sila. En el año 72 a.C. fue nombrado pretor por lo que tuvo que enfrentarse a Espartaco, al que venció en Lucania.

Craso empezó a acumular una ingente cantidad de riquezas que utilizaría para alcanzar todos los cargos del cursus honorum. Esta fortuna le valió para colaborar con César, convirtiéndose en una pieza clave de la política del momento al formar el Primer Triunvirato junto a César y Pompeyo. Obtuvo el consulado el año 55 y se dirigió a Siria para luchar contra los partos. Craso cruzó el Éufrates y tomó parte de Mesopotamia pero en el verano del año 53 se enfrentó con la caballería parta lo que motivó la retirada del ejército romano a Armenia. Cuando se creían a salvo, los partos volvieron a atacar y Craso y su estado mayor entablaron conversaciones de paz durante las cuales fueron asesinados. La derrota de Carras supuso un duro golpe para los romanos que vieron como sus estandartes quedaban en manos de los partos y numerosos legionarios pasaban a ser prisioneros, realizando trabajos forzados. El fin del Triunvirato era un hecho lo que provocaba la guerra civil entre César y Pompeyo.

Curiosidades: Roma dioses y hombres

¿Cómo se relacionaban con sus dioses?

La relación de los romanos con sus divinidades era muy parecida a la manera en que relacionaban con los poderosos, reyes o patronos. Cada mañana, saludaban con la mano a los dioses cuando pasaban delante de su imagen o acudían a sus templos. Generalmente rendían homenaje al dios cuyo templo era vecino a su domicilio, porque más valía tener vecinos influyentes.

En todos los altares, sin embargo, no faltaba la imagen sagrada del emperador, aunque no se le consideraba un dios. Había diversos ritos religiosos que se ejecutaban en honor de los dioses, uno de ellos era el libatio, es decir, se derramaban sobre el altar doméstico las primeras gotas de una copa que se iba a beber.

Los fieles ofrecían dádivas y promesas (votos) a sus dioses para obtener protección divina. Elevaban plegarias a los dioses y les erigían un altar dentro de sus casas o, los ricos, construían un santuario dentro de su propiedad. Con los dioses, como con los patrones, se mantenía un esquema de intercambio de dones y dádivas. La relación entre el fiel y el dios era como una amistad entre desiguales que entran en relaciones de confianza para sus intereses respectivos. Era común que un romano dijera a un dios: “cúrame y tendrás una ofrenda” o “Si me procuras un felíz viaje a Alejandría, te ofreceré un sacrificio” o bien “ayúdame, sé que lo puedes hacer”, para picar el orgullo divino. Los romanos no temían a sus dioses, más bien los admiraban y los trataban con bastante familiaridad.

Un romano cultivado – Cicerón, Horacio, un emperador, un senador, un notable- cree en la divinidad pero no cree en la mitología de los dioses. Es decir, aceptaban y tenían fe en las abstracciones que cada dios representaba pero no en las historias de sus vidas. Un hombre cultivado se decía a sí mismo: “Existe una Providencia, sigo creyéndolo; el núcleo de la verdad de las leyendas sobre los dioses debe consistir en esto. ¿Pero hay además una suerte de realidad en Apolo o en Venus? ¿Son otros tantos nombres de la única Divinidad?¿O acaso nada, fuera de una vana fábula?

miércoles, 5 de diciembre de 2007

Curiosidades: El banquete romano

El banquete romano.

El banquete tenía una enorme importancia para la vida privada. Al caer la tarde, todos los grupos sociales participaban de esta forma de convivencia. Emperadores, nobles, comerciantes y hasta el pueblo bajo invitaban a cenar a sus amigos o colegas y los agasajaban según sus posibilidades.

El banquete era una pequeña fiesta donde se hacían representaciones. Cada comensal podía asumir una posición sobre un tema (filosófico, político o moral) o representaban a un personaje determinado. Si el señor de la casa tenía a su servicio un filósofo o gramático lo hacía tomar la palabra para entretener a los convidados. Había intermedios musicales con danzas y cantos, ejecutados por profesionales. A su vez, los invitados llevaban sombreros de flores o “coronas” perfumadas como señal festiva.

El banquete era todo un arte. Durante la primera parte de la velada se distribuían la comida, sin bebida. Para la segunda parte se bebía, sin comer. Esta segunda mitad constituía el “banquete” propiamente dicho y era la más importante. Alrededor de la mesa de manjares se colocaban lechos (camas) para los comensales que decidieran quedarse a dormir.

Estas fiestas dieron lugar a un género literario, el del “banquete”, en que gente culta, filósofos o eruditos abordaban temas de alta cultura.

martes, 4 de diciembre de 2007

Curiosidades: Las Catacumbas

Las catacumbas.

Las catacumbas son unas galerías subterráneas que algunas civilizaciones mediterráneas antiguas construyeron y utilizaron como lugar de enterramiento. Las más conocidas y las mejor estudiadas son las catacumbas de la ciudad de Roma.

Desde un punto de vista etimológico, el origen de la palabra catacumba es incierto. Algunas fuentes creen que viene del griego κατα (debajo), y τυμβoσ (túmulo); o también de κατα (debajo) y κυμβη (excavación)

También se llamó a las catacumbas Roma subterránea. Estos subterráneos fueron lugar de culto, además de enterramiento y en época de persecuciones, lugar de protección y escondite, ya que estaban protegidos por una ley que prohibía la entrada a los perseguidores. Era como un derecho de asilo, pues el derecho romano tenía por sagrada e inviolable cualquier sepultura, con independencia del credo religioso del fallecido. Se supone que las catacumbas como enterramiento fueron construidas antes de la muerte de San Pedro.

Los romanos prohibieron a los cristianos los lugares comunes de enterramiento, y por esta razón los cristianos enterraron a sus muertos en las tumbas utilizadas por los pobres, las catacumbas, es decir, galerías subterráneas excavadas bajo superficies que podían ser habitadas.

La sepultura de los primeros cristianos era muy sencilla y pobre. Siguiendo el ejemplo de la de Cristo, se envolvían los cadáveres en una sábana o lienzo, sin ataúd. Los lóculos se cerraban después con lápidas de mármol o, en la mayor parte de los casos, con piezas de barro cocido y se fijaban con argamasa. Sobre la tapa se grababa a veces el nombre del difunto, con un símbolo cristiano o el deseo de paz en el cielo. Con frecuencia se ponían junto a las tumbas lámparas de aceite o redomas con perfumes.

Las catacumbas ya existían en la Roma clásica pero a partir del siglo II d. de N.E. se puede hablar de catacumbas cristianas. Las tumbas de los cristianos se decoraban con imágenes religiosas del Antiguo Testamento. Una de ellas fue la del “buen pastor”, que representa a un joven Jesús, sin barba y con cabello corto, que guía a una oveja perdida hasta su paraíso.

Las catacumbas eran tarea exclusiva de una asociación especializada de trabajadores llamados "fossores" (excavadores). Excavaban una galería tras otra a la débil luz de sus lámparas y para llevar la tierra a la superficie se servían de cestos o sacos que hacían pasar a través de los lucernarios, que se habían abierto en la bóveda del techo de las criptas, de los cubículos o a lo largo de las galerías. Los lucernarios eran grandes pozos que llegaban hasta la superficie. Cuando concluía el trabajo de excavación, los lucernarios quedaban abiertos al aire y la luz como conductos de ventilación e iluminación.

El origen de las catacumbas son los arenarios que habían perforado los romanos en el subsuelo de la ciudad para extraer arenas y materiales de construcción. Cuando se agotaban o se abandonaban estas canteras, los cristianos las aprovechaban como cementerios añadiéndoles nuevos túneles. Sin embargo esta teoría ha ido siendo abandonada al hacer nuevas investigaciones.

Por su colocación en filas superpuestas, las tumbas daban la idea de un gran dormitorio, llamado cementerio, término de origen griego que significa "lugar de descanso". De este modo, los cristianos querían afirmar su fe en la resurrección de los cuerpos. Además de los lóculos, había otras clases de tumbas: el arcosolio, el sarcófago, la forma, el cubículo y la cripta.

El arcosolio, una tumba típica de los siglos tercero y cuarto, es un nicho mucho más grande con un arco encima. La lápida de mármol se ponía horizontalmente. Generalmente el arcosolio servía de tumba a toda una familia.

El sarcófago es un sepulcro de piedra o de mármol, ordinariamente adornado con esculturas en relieve o con inscripciones.

La forma es una tumba excavada en el suelo de las criptas, de los cubículos o de las galerías. Numerosas formas se encuentran junto a las tumbas de los mártires.

Los cubículos (el término significa "cuartos de dormir") eran pequeñas piezas, verdaderas tumbas de familia, con capacidad para varios lóculos. El uso de una tumba de familia no era un privilegio reservado a los ricos. Los cubículos y los arcosolios estaban con frecuencia decorados con frescos que tomaban escenas bíblicas y reproducían los temas del Bautismo, la Eucaristía y la Resurrección, simbolizada con el ciclo de Jonás.

La cripta es una pieza más grande. En tiempos del papa San Dámaso, muchas tumbas de mártires se transformaron en criptas, es decir, en pequeñas iglesias subterráneas, embellecidas con pinturas, mosaicos y otros tipos de decoración.

lunes, 3 de diciembre de 2007

Curiosidades: El Esclavo

El Esclavo.

El esclavo era considerado un ser humano inferior que “pertenecía” a un dueño. Para los romanos, el destino natural de los esclavos era servir a sus amos con entrega y fidelidad. Los esclavos formaba parte de la familia y, por lo tanto, se les “quería” y se les castigaba. No había reglas para tratar a un esclavo porque éste no tenían ningún derecho y estaba completamente sometido al poder de su amo. Pero también se dio el caso de que hubiera esclavos que inspiraban temor ya que era común que las relaciones que mantenían con sus propietarios se tornaran de afecto a odio y desembocaran en crímenes.

Los esclavos servían a muy diversos fines. Hubo esclavos que eran funcionarios públicos que se ocupaban de los asuntos administrativos del príncipe, que era su amo. Incluso hubo esclavos que tenían más bienes e influencia que otros hombres libres. Había esclavos que tenían profesiones como arquitecto, maestro de gramática, cantor, comediante. En el otro extremo, había esclavos que se dedicaban al trabajo rural (campesinos) o artesanal (alfarería, etc.). Había esclavos que administraban el trabajo de otros esclavos. Entre las clases altas, cada familia tenía decenas de esclavos sirvientes y las familias de clase media contaban con dos o tres esclavos.

El sometimiento de los pueblos vecinos aportaba un parte mínima de los esclavos pues la mayoría de ellos provenían principalmente de la reproducción de otros esclavos, de niños abandonados en santuarios o basureros públicos y de la venta de niños u hombres libres como esclavos. Los hijos de una esclava, quienquiera que fuese su padre, eran propiedad del amo y éste podía decidir si se quedaba on el bebé, lo regalaba o lo mataba. A muchos esclavos se les colocaban collares de bronce donde se indicaba a quién pertenecían.

Un esclavo podía obtener su libertad si su amo se la otorgaba, entonces se transformaba en un liberto.

domingo, 2 de diciembre de 2007

Curiosidades: Señores de la guerra

Señores de la guerra.

En el apogeo del poderío romano, en el año 117, las 43 provincias que componían el imperio se extendían a lo largo de unos cinco millones de kilómetros cuadrados, desde las costas del mar Caspio, al este, hasta las costas atlánticas de España, al oeste; desde Britania al norte, hasta Egipto al sur. ¿Cómo logró Roma consolidar su poder político sobre un territorio tan amplio? El filósofo Vegecio dijo: “Si quieres la paz, prepárate para la guerra”. Los romanos obtuvieron y mantuvieron su dominio gracias a su habilidad para la guerra. Durante siglos el ejército romano se consideró invencible.

Todos los hombres participaban en la guerra, los aristócratas (como Julio César y Pompeyo) y el pueblo. La mentalidad romana era la del soldado-campesino. La rutina y la disciplina regían su vida, tanto en el campo de labor como en el campo de batalla. Las mayores virtudes de un soldado se consideraban la honradez, sobriedad, previsión, paciencia, tenacidad e independencia. Los soldados romanos sabían bastarse a sí mismos y, además de su entrenamiento militar, recibían preparación como albañiles, abridores de caminos y constructores. Un soldado sabía trazar un compamento o una fortificación, medir un terreno o tender un sistema de drenaje. Entre sus labores estaban construir carreteras a través de las provincias para permitir movimientos militares rápidos, y erigir centenares de kilómetros de fortificaciones a lo largo de las fronteras para asegurar la paz al interior del imperio.

Los romanos eran excelentes guerreros que supieron adaptar armas y tácticas de otros pueblos, de los españoles, de los macedonios, de los cartagineses. En el campo de batalla eran sumamente móviles y flexibles en sus movimientos. Además eran expertos en sitiar poblaciones y traspasar fortalezas gracias a enormes torres que construían para luchar a través de las murallas. Uno de los sitios más célebres fue el que infringió Julio César a los galos de Avaricum en el año 52 a. de N. E. Los hombres de César trabajaron día y noche durante 25 días para instalar sus torres de asalto y vencer a los galos.

Entre las armas de guerra que usaban los romanos estaban la catapulta móvil que lanzaba grandes rocas o bolsas de pequeñas piedras (como una metralleta) a una distancia hasta de 800 metros; la ballesta gigante que podía proyectar a 700 metros dardos de casi 4 metros; el arco con flechas ardiendo que provocaban incendios en las poblaciones enemigas.



viernes, 30 de noviembre de 2007

Curiosidades: Libertos

Libertos.

Los libertos eran esclavos liberados y sus familias.Los libertos formaban aproximadamente el 5% de la población romana durante la era imperial. Como necesitaban un apellido del que solían carecer, normalmente tomaban el nomen de su antiguo dueño, quien se convertía en su patrono. La mayoría de ellos seguían ligados a sus antiguos propietarios pero ahora en una relación de “clientes”, es decir, en una dependencia “simbólica” de su antiguo dueño. Cada mañana, los libertos estaban obligados a ir a casa de su “patrón” a rendirle homenaje como expresión de agradecimiento, respeto y fidelidad. Si no lo hacen serían considerados “ingratos” y por lo tanto despreciados por su comunidad.

Había libertos que seguían ocupándose de los asuntos de quien fuera su amo pero con la diferencia de que ahora tenían más dignidad y percibían un sueldo a cambio. Un liberto podía ganar dinero, casarse, formar un patrimonio y heredar bienes a sus hijos. Casi todos los libertos se dedicaban al comercio y había muchos artesanos, tenderos o negociantes. Era común que un liberto hiciera fortuna pero eso le traía el odio de la mayoría de los hombres nacidos libres porque consideraban que un antiguo esclavo no debía tener más riqueza que ellos.

Así, los libertos no tenían un lugar definido en la sociedad. Podían ser muy ricos pero despreciados por su condición de libertos. En la época claudia los libertos fueron usados como funcionarios en la burocracia romana. Dicho emperador aprobó legislación sobre esclavismo, de manera que los esclavos abandonados por sus amos se convertían en libertos. Claudio fue ampliamente criticado por utilizar esclavos en la Corte Imperial. La “buena” sociedad nunca los aceptaba y se burlaba de ellos. La obra Satiricón de Petronio, hace una caricatura cruel de los libertos, retratándolos como pretensiosos, incultos y arribistas.

Los esclavos podían ganar su libertad de diferentes modos. Algunos eran liberados en los testamento de sus dueños, algunos dueños los liberaban en vida y otros esclavos eran los que compraban su libertad a sus dueños. Un esclavo podía comprar su propia libertad con sus ahorros o posesiones personales. Los libertos podían incluso poseer sus propias tierras.

Pero el esclavo no quedaba totalmente libre al ser manumitido (acto por el cual pasaba a su nueva condición de liberto), sino que mantenía unos lazos de dependencia con su antiguo amo. Esta vinculación se concretaba en 3 apartados acordados previamente:

Obsequium: Significa deferencia, y consistía en servicios de diversa índole.

Opera: Son dias de trabajo que realizaba el liberto, normalmente en la misma labor que efectuaba cuando era esclavo.

Bona: Era un derecho de herencia sobre su patrimonio.


jueves, 29 de noviembre de 2007

Curiosidades : La mujer en la antigua Roma

La sociedad romana era tremendamente patriarcal y la mujer era considerada como una eterna menor de edad, por lo que era excluida de la vida pública y no podían votar, ocupar una magistratura o ser escuchadas en una asamblea, aunque si, las romanas libres, podían tener propiedades, vender, alquilar y comprar. A pesar de estar excluidas del juego político. Extraoficialmente se implicaban en las campañas electorales y daban su opinión. De hecho, en Pompeya encontramos pinturas donde se refleja los consejos que las mujeres daban a los candidatos.

Las niñas de familias acomodadas iban a la escuela hasta los doce años. Después de esta edad pocas mujeres continuaban educándose, con la autorización de su marido o padre, a través de preceptores que les enseñaban los clásicos. Era normal que hubiera mujeres que adquirían una cultura de entretenimiento, como cantar, danzar y tocar un instrumento. Estas actividades artísticas se alaban mucho en las mujeres “honestas”. A los doce años había muchachas que ya estaban otorgadas a un marido, aunque no se hubiera consumado el matrimonio. Una mujer se consideraba adulta a los catorce años, todos la llamaban entonces “señora”. Las familias ricas encerraban a sus hijas en sus casas y las ponían a hilar con rueca y con huso, con lo cual demostraban que pasaban el tiempo sin hacer nada malo.Dentro del matrimonio, la mujer podía ser considerada de dos modos.

Según la vieja moral cívica, la esposa no era más que un utensilio al servicio del ciudadano y jefe de familia; hacía hijos y redondeaba el patrimonio. Vista de otro modo, la mujer se consideraba una amiga, la compañera de la vida, la procreadora. Sin embargo, siempre se le considera naturalmente inferior a su marido y se espera que lo obedezca. Por su parte, el marido respetará a su esposa como un jefe respeta a sus amigos inferiores. Se acepta que un marido es el dueño de su mujer, como de sus hijas y de sus criados.
Las señoras ricas no tenían obligaciones como amas de casa porque su marido era quien mandaba sobre los esclavos. Estas mujeres ni siquiera debían esforzarse en vestirse o calzarse por sí mismas porque ese era el trabajo de las esclavas.

Sin embargo, la libertad de estas señoras era relativa. Siempre estaban acompañadas, incluso había algunas que dormían con una esclava en su cuarto, para que las cuidaran. La decencia y el cuidado de su rango obligaba a una dama a salir de casa acompañada por sirvientes, señoritas de compañía y un caballero de servicios. Sólo debidamente acompañadas las mujeres tenían derecho a visitar a sus amigas. Las damas muy recatadas salían lo menos posible y sólo se mostraban en público cubiertas por un velo.
En ciertos casos en los que una mujer era rica por herencia de su padre tenía mayor control sobre sus vida marital. Hubo esposas descontentas que abandonaron a su marido o se divorciaron de él. En Roma existía el divorcio pero generalmente era el hombre el que lo solicitaba. El mejor estado para la mujer rica era la viudez porque era mucho más libre que cualquier mujer casada y podía disponer de su fortuna como ella quisiera.